mayo 06, 2026

Opinión | Recuperar la política

Opinión | Recuperar la política

Por Ariel Weinman *

Vivimos un momento de incertidumbre. No, por supuesto, como resultado de habitar un mundo de absolutas incertezas, supuestamente alejado de cualquier determinación, como proclama el discurso posmoderno elaborado por quienes se han pasado al bando del enemigo después de haberse cerciorado que no podían vencerlo. Por el contrario, tenemos la rigurosa certidumbre de cuál es el devenir de la patria bajo el galope de la matriz neoliberal.

Si tenemos incertidumbre es acerca del modo en que lo popular pueda recuperar su ímpetu, su energía, su fuerza, no sólo para llegar al poder del estado, sino para volver a convocar al pueblo, a pensar que existe otra manera de sentir y vivir y distribuir la riqueza, para de algún modo desajustar, desarticular, pulverizar la estabilidad y el orden que entre las palabras y las cosas han vuelto a establecer los dueños del capital y del dinero.

Porque la incertidumbre que tenemos no procede sólo de que nos están arrebatando el trabajo, el salario y la industria que registramos a diario, sino porque más profundamente nos están vaciando el discurso político anticolonial e insubordinado que esbozamos con orgullo durante la “década ganada”, cuya genealogía se remonta a cinco siglos de luchas y que con el peronismo tuvo una expresión concreta de triunfo.

Nos preguntamos, antes de cualquier contienda electoral, antes de cualquier resultado, si ya no nos ganaron. No las elecciones de medio término, sino en política, desde el momento que tenemos que hablar de los efectos de la política oligárquica y no sobre sus causas. Que no son otras que las de una nueva acumulación originaria del capitalismo del norte para intensificar las relaciones de dominación sobre el Sur de América, y sobre las clases criollas, indias, negras y mestizas, quienes en una renovada expresión de rebeldía e insubordinación desconfían del marketing político, porque comprendieron hace rato que la política popular debe sustraerse de la lógica mercantil, es contra ella que pone su cuerpo.

Por si hiciera falta recordarlo, aquí estamos en América, una singularidad que no se deja subsumir bajo las pretensiones de universalidad de quienes suponen que allí y acá las cosas del mundo funcionan de la misma manera, y ahora nos importan, en un nada original ejercicio de “recolonización pedagógica”, los imperativos categóricos de la corrección política, que se derivan en los discursos del consenso y la tolerancia, un pluralismo multicultural que dura mientras los liberales hegemonicen ese pluralismo.

No es un problema sólo de conciencia ni de ideología: los pueblos del Sur llevan las marcas en el cuerpo del sometimiento que no se consagró en “libres” debates democráticos ni como resultado de consensualismos abstractos, y cuando los pueblos lograron superarlo fue resultado de una tenaz resistencia a los expropiadores y la capacidad de inventar formas políticas novedosas, pero dejando en el camino jirones de su vida.

Que sepamos, tomar la parte por el todo, hablar de la pobreza, la desnutrición, el desempleo dejando de lado las relaciones de dominación y explotación que las engendran, y que se profundizan cuando el poder económico, además del Estado, posee el poder de significar, de darle el nombre a las cosas, es el viejo fetichismo en la era del capitalismo neoliberal o no, donde las mercancías se nos aparecen desligadas, evacuadas, deslindadas, vaciadas de sus condiciones históricas y sociales de producción.

No es por vagos recuerdos de la memoria de tiempos antiguos, sino por el devenir de una experiencia sensible que nos aproxima a una convicción profunda: cuando las causas de la humillación, de la indignidad llegan con una fuerza indetenible a ser nombradas por el discurso político, no cuando se barren debajo de la alfombra, cuando el pueblo es el autor de una nueva gramática colectiva comienza una nueva época. Ante un momento de confusión como éste, no es otra que la retórica popular la que abre el cauce, la que precipita una abertura para disolver las causas de la dominación de forma efectiva. En esas condiciones, quizás sí vamos a volver.

(*) Conductor de Panorama Federal / Radio Gráfica

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