noviembre 22, 2019

Qué pasó el 11 de agosto

Qué pasó el 11 de agosto

Por Daniel Mojica*

Lo que surge en la superficie de manera apabullante es la cantidad de votos que acompañaron la fórmula del peronismo unido en un frente con otras fuerzas. Como históricamente, desde su nacimiento forjó el Movimiento Nacional.

Para algunos fue un resultado sorpresivo. Tal vez lo cierto sea que los análisis previos no acertaron la lectura de la realidad que se fue construyendo desde mucho antes de aquel 2015. ¿También inesperado?

Si algo nos enseñó Juan Domingo Perón, es hacer una adecuada lectura de la geopolítica internacional. Para elaborar las estrategias y tácticas políticas nacionales. Porque las fuerzas del colonialismo no descansan en su afán de conquista y sometimiento para conseguir riquezas ajenas. Para eso diseñan políticas continentales y mueven las fichas previamente instaladas en cada región.

Esas fuerzas son el real enemigo de las fuerzas populares. Pero no siempre muestran su verdadero rostro. Acostumbran mimetizarse en descontentos autóctonos. De esa forma capitalizan eficazmente los errores, que muchas veces ayudan a provocar.

Aquí cabe destacar la responsabilidad no sólo de la conducción del campo nacional y popular, sino también de los cuadros intermedios. Que deben ser los auténticos canales de comunicación entre las bases y la conducción. Cuando esos canales son obturados. Por afán de protagonismo, por falta de sensibilidad política, o por cualquiera otra anomalía. La potencia de las fuerzas populares se licua. Se produce un gran desconcierto y nacen las disputas personales. Esas que hacen naufragar el proyecto de liberación que lleva en sus entrañas el Movimiento Nacional.

Entonces empiezan a aparecer en escena dirigentes, que a veces de manera genuina creen ser intérpretes del descontento, y provocan divisiones que ayudan al enemigo. Otras veces, directamente responden a intereses ajenos a los del Movimiento.

Pero lo cierto es que esa división favorece al enemigo de los sectores populares. Estas vicisitudes nos llevan a repetir el siniestro péndulo que nos condiciona a estar siempre recomponiendo lo que la anti patria destruye. Los derechos de las grandes mayorías, el aparato productivo, la salud, los salarios, la educación, la ciencia. En definitiva, el bienestar y la felicidad del pueblo.

Lo que pasó el 11 de agosto, es que la dirigencia escuchó el reclamo popular de reconstruir la unidad histórica del Movimiento Nacional. La necesidad de deponer ambiciones personales para privilegiar el estratégico valor de unirse frente a un poderosos enemigo. Que no es precisamente el gobierno de Mauricio Macri. Sino los intereses a los que responde. Aunque mientras tanto aprovecha para hacer sus propios negocios personales, familiares y de grupo.

Siento la necesidad de expresar mi interpretación de estos recientes acontecimientos, no por creer que estoy manifestando una verdad revelada. Simplemente creo que todos los aportes que podamos hacer para no repetir la historia de divisiones que nos llevó a entronar al mismo enemigo de siempre en la casa de gobierno, es una manera de contribuir a pensar.

Porque el primer y más eficaz ataque del enemigo es crear tantas distracciones desde los medios afines. Con la colaboración de sectores enquistados en el poder judicial. Logrando su objetivo de confundir a la población. En medio de la confusión es difícil pensar con certeza.

De esa manera lograron construir una fantasía mediática a fuerza de repetirla por la inmensa cantidad de emisoras. Nacionales e internacionales.

Ese es el método utilizado por quienes buscan enriquecerse de los bienes ajenos. Si observamos el mapa de nuestra América y del lejano Oriente, sobran los ejemplos de métodos más descarnados que los usados en Argentina. Aunque la matriz es la misma.

Si se produce lo que la gran mayoría esperamos de las elecciones del 27 de octubre, habremos dado un segundo paso importante.

El primero fue haber escuchado el reclamo de unidad que se gestó desde las mismas bases de las diferentes organizaciones populares. Lograr la unidad dejando de lado ambiciones personales.
Pero después de esa fecha dolorosa y esperanzadora a la vez, la unidad debe consolidarse mediante proyectos consensuados que tengan como principio fundamental recomponer el tejido social lastimado. De manera paralela crear las condiciones para que lxs argentinxs puedan acceder a un trabajo y salarios dignos.

Mientras se instrumenta la necesaria recomposición del contrato social entre la dirigencia política y la sociedad. Crear los mecanismos de comunicación directa entre el pueblo y los funcionarios de gobierno.

Entendiendo el pedido que hiciera Alberto Fernández cuando expresó “…si me ven claudicar, salgan a la calle y háganmelo saber…”.

Resonó en mis oídos como un puente de comunicación que siempre tuvo el pueblo con los líderes del Movimiento Nacional.

A partir de allí será el comienzo de un largo camino que deberemos transitar codo a codo pueblo y gobierno.

(*) Conductor de Tejiendo Redes

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