
Por Úrsula Asta y Lucas Molinari
Trabajadores con 30 años de laburo. Echados sin explicación. Se trata de la curtiembre Espósito, en Sarandí, Avellaneda. “No nos queda otra que pelear”, explica Néstor que trabaja en el sector de mantenimiento. Desde el lunes 3 de octubre están en conflicto por 58 despidos y 50 suspensiones. Luego se montó la carpa. “Es duro pero la familia acompaña y sobre todo el sindicato”, dice el trabajador.
Luis Barrientos, secretario de prensa del Sindicato de Obreros Curtidores (SOC), comenta a Radio Gráfica que el Ministerio de Trabajo hasta el 10 de diciembre del año pasado tenía una política, pero ahora es radicalmente diferente: “Antes, si había despidos, se dictaba la conciliación y los trabajadores volvían a entrar. Ahora el Ministerio dictó la conciliación pero con los trabajadores en la calle”. Por eso el acampe.
Reciben solidaridad de delegados de otras curtiembres, porque es un sector industrial que está en una situación compleja. Perjudicado, entre otras cuestiones, por la apertura de importaciones. La patronal, por su parte, suele especular y parece tener un “revanchismo” que caracteriza a la actualidad nacional, según explican los trabajadores.
Espósito durante la dictadura “limitaba las duchas en los vestuarios a 10 minutos y entraban con perros para meter miedo entre los trabajadores”, cuentan. Se trata de un empresario que llegó a conducir la cámara patronal en los años `80 y `90.
Ricardo Esquivel, uno de los delegados, describe la realidad desde adentro de la fábrica: “(A los trabajadores) los tienen amenazados de que si hablan conmigo los van a sancionar. La sanción es que los van a echar. El clima adentro está muy vigilado, todos presionados”.
“Es una patronal oligarca que con estos 12 años de Néstor y Cristina estaban tranquilos y ahora con el cambio de Gobierno piensan que pueden tomar las mismas medidas que en la época de la dictadura”, afirma Barrientos del SOC. Y agrega: “Hoy Abel Espósito tiene una actitud antisindical con la única función es que los trabajadores no podamos organizarnos y reclamar por nuestros derechos”.
Uno de los principales clientes de la curtiembre es la cadena de supermercados Coto, que envía los cueros de sus carnicerías para luego comercializar esa materia prima. Hace aproximadamente 15 días se realizó un fuerte operativo policial para impedir que los trabajadores, que estaban acampando, se acerquen mientras retiraban el cuero para Coto.
La curtiembre Espósito posee dos plantas, una de cada lado del arroyo Sarandí. El acampe está en la calle Villa del Luján al 1300. Allí, los trabajadores están hace más de un mes resistiendo el conflicto. Participan todos los despedidos en conjunto con el gremio y la solidaridad de otros espacios y de la comunidad. “De todo esto tiene que salir algo bueno”, afirma Pablo Rivero.
Rivero, que trabaja hace 27 años en la empresa, relata: “Hoy estamos fuera, echados, no sabemos si nos quieren pagar, hay compañeros suspendidos. A nosotros nos toca estar en el acampe”. Y suma: “Hay salarios caídos, nos deben casi 27 mil pesos a cada trabajador”.
Néstor Astarín, quien tiene 10 años de antigüedad, cuenta: “Trabajo en mantenimiento, el ultimo tiempo hemos trabajado en condiciones deplorables”. Y revela que esa situación es “no solo en cuestiones de seguridad, sino que el ultimo tiempo las maquinas se arreglaban con alambre o con el ingenio” que podían tener los que trabajan en mantenimiento.
En ese sentido, aunque “el Estado está ausente” -tal como señala Astarín-, Rivero agrega: “El día a día es duro en el acampe, pero la ayuda de los vecinos es muy favorable para nosotros. Hoy estamos más fuertes que nunca y no nos vamos de acá hasta que no nos paguen”.
